EL MINDFULNESS INTERPERSONAL

El mindfulness interpersonal
Mindfulness interpersonal

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EL MINDFULNESS INTERPERSONAL

Mindfulness interpersonal. Los seres humanos somos sociables por naturaleza y pasamos mucho tiempo relacionándonos con otras personas con todo lo que ello conlleva. Con cada persona con la que nos relacionamos (hijos, padres, amigos, hermanos, jefe, pareja, vecinos…) y hasta las personas más “difíciles”, es decir las personas con las que tenemos más problemas de relación. Es una magnífica oportunidad de acceso a un nuevo mundo.

Todos compartimos de una forma u otra por más que nos sintamos alejados o separados de los demás. Pero, aunque hayamos nacido en este mundo y acumulemos historias parecidas de valentía, miedo, alegría, tristeza, placer, dolor, regalos y pérdidas, los demás pueden mostrarse, exigentes, dominantes, amenazadores, irresponsables insensibles o poco colaboradores, y entonces es cuando acaba convirtiéndose en una fuente de estrés extraordinaria.

En muchas ocasiones están las personas más próximas las que nos pueden generar un mayor estrés, quizás porque nos sentimos más responsables de su bienestar o porque conocen mejor que nadie el modo de sacarnos de nuestras casillas.

DÓNDE COMIENZAN LAS PAUTAS DE RELACIÓN

Al igual que hemos desarrollado y establecido conductas de pensamiento arraigados, como el catastrofismo o el pensamiento negativo o culpabilizador, que puede mantenernos atrapados en un continuo estrés, también es posible desarrollar hábitos de relación fructífera con los demás.

Muchas conductas se van desarrollando como respuestas a nuestras primeras relaciones, es decir, el contacto que mantuvimos con nuestros padres, cuidadores, amigos… Por eso si esas relaciones fueron complicadas pueden acabar como conexiones disfuncionales generando conflictos permanentes paterno-filiales carenciales, extendiéndose a familia, pareja, amigos, compañeros de trabajo etc.

LA BASE DE LAS RELACIONES

Si nuestros padres, no nos proporcionaron un buen modelo para gestionar adecuadamente los conflictos, lo más probable es que no sepamos cómo manejarlos. La mayoría de ocasiones intentamos de evitar las emociones conflictivas, por estrés o porque nos sentimos desbordados. Pero también puede darse el caso contrario, que aprendiéramos a establecer contacto con los demás a través del conflicto, porque nos proporciona cierta sensación de poder. El problema de todo esto es que hay muchas heridas abiertas y sin sanar que, a su paso deja conductas agresivas, especialmente en casos que nos aprovechamos de los demás, acosando y menospreciando. En estos casos es muy fácil quedarnos atrapados en una espiral negativa descendente.

MOVIMIENTOS EMOCIONALES

Las relaciones pueden movilizar emociones desagradables y atrapadas desde hace tiempo en nuestro interior, reactivando recuerdos, o sentimientos ligados a heridas pasadas, asociadas a relaciones disfuncionales y carenciales.

Es muy probable que, cuando nos sintamos atrapados o amenazados, volvamos a a viejas pautas reactivas que llevamos ejercitando desde nuestra infancia. Es muy útil en este caso reconocer las barreras que, determinadas por la influencia de nuestras relaciones más tempranas, pueden hoy en día obstaculizar hoy en día nuestro acceso al amor.

Nuestra estabilidad y seguridad dependió, cuando éramos niños, de nuestros padres, y de nuestros cuidadores, que no siempre fueron capaces de sintonizar con nuestras capacidades.

MINDFULNESS INTERPERSONAL EN LA EDUCACIÓN PARENTAL

Aunque la mayoría de los padres utilizan de la mejor manera los recursos que tienen para educar a sus hijos, a menudo hay una falta de sintonía y de resonancia que alientan la inseguridad con la que el niño se relaciona.

Si las preocupaciones de los padres, por ejemplo, los convirtieron en personas emocionalmente ausentes, el hijo puede haberse adaptado, en un intento de no depender de ellas, lo importante de las emociones y de las relaciones es que se instala en una narrativa interna, según la confianza en lo demás resulta innecesaria.

Si durante su infancia, no contó con la suficiente sintonía y resonancia puede acabar confundido y mostrándose suspicaz con toda relación.

Quizás siendo adulto, le preocupe el modo en que su pareja responde a sus sentimientos o se resista al compromiso. Si sus padres se mostraron agresivos, puede estar inmovilizado por el miedo, atrapado entre la necesidad de que le cuiden y el deseo de huir. En este caso, no sólo puede estar confundido por las relaciones y emociones, sino que puede, cuando las cosas van mal, acabar convertido en un cuidador que coloca las necesidades de los demás por delante de las suyas.

Independientemente todas las posibles causas que pudieran darse, existe esta estupenda herramienta que es el mindfulness, que nos ayudará en la aceptación de lo que somos, y lo que aspiramos entrando a través de nuestras heridas más profundas y sanándolas.

LAS CUALIDADES DE LA ATENCIÓN INTERPERSONAL

Siempre se puede solucionar todo, aún en las situaciones más complicadas y en las que más amenazadas nos sentimos, con más miedos, en consecuencia, tenemos, que mejorar significativamente la cosas prestando una mayor atención. La práctica de mindfulness es cómo cultivar un jardín, necesitando una serie de cuidados para que todo florezca y no se marchite y muera.

Aquí veremos seis cualidades que hay que cultivar como esenciales para el desarrollo de un mindfulness interpersonal sano y abundante y que mejoran espectacularmente las relaciones:

  1. Apertura. Cualidad, parecida a la mente de principiante, en la que uno se abre, contempla a la otra persona, y a la relación de un modo nuevo y limpio. Permanecer cerrado y a la defensiva es una evidencia que hay una barrera en el corazón (coraza). No juzgar sin conocer en profundidad a la persona.
  2. Empatía. Cualidad que consiste en identificarse realmente con los sentimientos de otra persona, es decir, colocarse emocionalmente en su piel. El primer paso consiste en reconocer y experimentar sus propios sentimientos, porque solo así podrá hacerlo con los demás. Practique para cultivar esta cualidad.
  3. Compasión. Está es una cualidad de combina la empatía con una compresión de la situación en la que se encuentra la otra persona, con el deseo de aliviar su sufrimiento. Imagine para cultivar esta cualidad, su sufrimiento, sus dolores… A lo largo de toda su vida, la persona habrá experimentado desengaños, fracasos, pérdidas, y algunas de esas heridas pueden llegar hacer tan profundas que la persona no se sienta segura compartiendolo. Imagine a esa persona como su hijo, asustado y dolorido, y considere el modo que podrá consolarlo.
  4. Bondad. Cualidad en la que uno desea realmente el bien del otro, es decir, que esté sano, libre de daño y de miedo. Imagine cómo querría ver a esa persona moviéndose en el mundo. Puede mejorar esta cualidad con la oración de la bondad (click aquí).
  5. Regocijo por el bien ajeno. Ésta es una cualidad, opuesta a los celos, la envidia, y el resentimiento, que nos lleva a disfrutar y la alegría de los demás. Imagine para cultivar esta cualidad, a la otra persona creciendo y reflejando la alegría y la aventura junto al coraje y la fortaleza que habrá movilizado para superar los retos que le depare su vida.
  6. Ecuanimidad. Cualidad de la sabiduría, serenidad, y estabilidad mental que entiende la naturaleza del cambio. La ecuanimidad proporciona y el equilibrio y el sosiego necesarios para entender la profunda interrelación que existe entre todas las cosas. Quizás, como ocurre como la mayoría de las personas, trate a los demás de manera diferente basándose en la percepción que tiene de ellos. Todos los seres humanos se merecen ser tratados con la consideración inherente a las cinco cualidades recién nombradas. Imagine para cultivar esta cualidad, el rostro de la persona en cuestión como si se tratara de su padre, de un amigo, pareja, de un hijo o un discípulo. Quizás de este modo, pueda ver a la persona como alguien que, como todos, sencillamente quiere y necesita bondad y amor.

PRÁCTICA MINDFULNESS INTERPERSONAL

ESTABLECER CONTACTO:

Establecer contacto con los demás es un proceso. Imagínese a la persona en cuestión sentada frente a usted. Vuelva a leer la descripción de cada una de las cualidades que acabamos de presentar e imagine luego, cerrando los ojos, mirando y relacionándose con esa persona desde esa cualidad. Tome nota, cuando acabe el ejercicio con cada cualidad, de aquello que haya aflorado en su mente.

Descargar aquí plantilla de la práctica

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